El Síndrome “Lo Dejo Para Mañana”

Existe un fenómeno común que, a pesar de ser fácilmente reconocible, es difícil de explicar. Se trata de la procrastinación, una curiosa palabra que sin embargo sólo se refiere al hábito de postergar sin justificación válida actividades u obligaciones que tienen que ser atendidas. Una de las características de este tipo de aplazamientos, además, es el hecho de que tenemos intención de realizar la tarea tarde o temprano, ya que de algún modo sabemos que su realización es algo por lo que tenemos que pasar.

¿Qué es la Procrastinación?

Sin embargo, no se trata simplemente de la típica conducta que podamos asociar a una persona pícara o hedonista. En una encuesta pasada un cuarto de los encuestados, manifiestan una tendencia fuertemente fijada a aplazar tareas, independientemente de su cultura. 

Otro estudio señala que cada empleado pasa alrededor de una hora y veinte minutos diarios aplazando su tarea principal, con el consiguiente coste de oportunidad para la organización. Además, alrededor de menos de la mitad de los estudiantes universitarios podrían tener graves problemas con la procrastincación, según el estudio de Patterns of Academic Procrastination. Por otro lado, el psicólogo Piers Steel sostiene en su publicación The Procrastination Equation que, allí donde está presente, esta tendencia va en contra del propio bienestar en un sentido amplio: contribuye a tener una peor salud y unos salarios más bajos. Además, puede conducir a actitudes compulsivas o muy intensas que sirven para evadir la responsabilidad principal: comer mucho, jugar a videojuegos, etc.

Un problema sin una solución sencilla

Sin embargo, siendo que la procrastinación puede llegar a ser muy problemática… ¿por qué sigues permitiendo que ocurra? En realidad, es difícil justificar el aplazamiento de una tarea necesaria, siempre que la reconozcas como tal. Experimenta la extraña noción de haber entrado en el ciclo constante del “mejor mañana”, justificar esta decisión una vez ya ha sido tomada por una instancia superior a tu consciencia

De esta forma, se racionaliza un mecanismo profundamente irracional y automático forrándolo con un recubrimiento de palabras y justificaciones a la carta. ¿Cuál es la clave que dispara este mecanismo automático de eternos retrasos? El propio Piers Steel podría haberla encontrado.

Según indican sus investigaciones, hay una clara relación entre la tendencia a retrasar tareas y la impulsividad. En estos estudios, la presencia o no de la capacidad de autorregulación, es decir, la habilidad para controlare a ti misma en favor de recompensas futuras, explicaba el 70% de los casos de procrastinación. 

Se evidenciaba una relación directa entre niveles de impulsividad y tendencia a aplazar tareas. En investigaciones más recientes, Steel ha encontrado fundamentos que favorecen la hipótesis de que entre la impulsividad y esta molesta tendencia existe la misma base genética. Si impulsividad comporta dificultades para evitar conductas que no convienen, procrastinación supone dificultades para accionar conductas que convienen: son, prácticamente, parte del mismo fenómeno; un fallo a la hora de seguir el sistema de conductas que lleva a las metas a largo plazo.

¿Qué hacer para solucionarlo?

En base a esta explicación sobre la mecánica del aplazamiento de tareas, puedess aplicar los mismos tipos de procedimientos correctores que utilizamos con los casos de impulsividad. En este caso, la solución pasa por crear estrategias de trabajo que transformen las metas difusas, generales y lejanas en el tiempo en pequeños objetivos muy concretos que tienen que ser cumplidos inmediatamente. En resumen, hay que trocear las metas poco acotadas y con escasa capacidad para atraerte frente a otros estímulos distractores, en actividades muy bien determinadas que reclaman urgentemente tu atención y que te llevan, una a una, desde el aquí y ahora hasta la consecución del objetivo final. 

Pequeños compromisos

Por ejemplo, en el caso de que tengas que redactar un trabajo de 20 páginas, una buena manera de hacer esto es comprometerte a redactar una página antes de las siete de la tarde. Si ves que te cuesta cumplir estos pequeños compromisos, hazlos aún más pequeños y concretos, de manera que veas su resolución como algo perfectamente posible, por ejemplo, puedes redactar 15 líneas antes de que hayan pasado dos horas. La cuestión es acercar en el tiempo, y a la vez hacer menos incómoda, la presión que sufrirías cada vez más, conforme pasan los días en caso de no haberte puesto manos a la obra.

Evita elementos que puedan distraerte

Otra buena táctica que se puede combinar con la primera en autoimponerte dificultades a la hora de acceder a las distracciones: apaga el televisor que suena de fondo, guarda el smartphone, etc. Puedes sopesar antes que nada qué elementos son aquellos que te puedes alejar del objetivo y hacer algo para evitar que no te tienten demasiado. De una manera razonable y moderada, esto también es aplicable a las personas que nos rodean.

En suma, tienes que procurar que la razón tome las riendas sobre tus preferencias a corto plazo trazando una hoja de ruta muy clara. Crea una especie de raíles cognitivos que te ayudarán a conseguir aquello que te propongas.

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